3 años desde mi primera crisis convulsiva

 

Ya cumplí tres años desde que tuve mi primera crisis epiléptica. Ese día había sido similar a muchos otros y nada me podría haber hecho pensar que esa noche sería distinta.

En esos tiempos era jefe de un área de TI de una importante empresa del norte de mi país. Era un trabajo muy exigente y daba gracias a Dios por permitirme tener esa responsabilidad, con la cual me sentía relativamente cómodo. Quizás lo que más me complicaba era que en cualquier momento me podían llamar para resolver alguna situación de emergencia, pero contaba con el apoyo de mis compañeros de trabajo y de mi familia, lo que me brindaba tranquilidad. Además, era un miembro activo de mi iglesia local, donde desempeñaba variadas labores, entre las cuales estaba estar a cargo del sonido y la alabanza, y también algún tiempo antes había sido parte del presbiterio local (líder o pastor de la iglesia) y había estado a cargo de la enseñanza bíblica.
Mis hijos estaban creciendo fuertes y hermosos.
Mi esposa estaba desarrollándose en su profesión de una manera muy acelerada y disfrutábamos del placer y bendición de poder juntos servir a nuestro Señor acompañando a personas autistas y sus familias en sus necesidades.

Esa noche nos acostamos a descansar como muchas noches, pero cuando desperté todo era diferente. Había paramédicos revisándome. Mi esposa mostraba señales de haber llorado. Yo estaba vestido y los paramédicos me pidieron que les acompañara a la ambulancia que estaba esperando fuera de mi casa. Esa noche, a mis 35 años, tuve mi primera convulsión.

Luego de un año lleno de exámenes médicos fui diagnosticado con epilepsia y comencé un tratamiento con medicamentos. Tanto las convulsiones, como los medicamentos, tuvieron efectos secundarios en mi vida. De un día a otro mis energías físicas, sociales y cognitivas disminuyeron. Cosas que antes eran fáciles de realizar, ahora me dejaban agotado. Estaba comenzado una nueva etapa en mi vida. Una etapa acompañada de una enfermedad crónica. Etapa en la que he podido descubrir y aprender mucho de mí y de mi gente querida. He aprendido más de la vida y del Dios que nos la dio. Etapa de la que espero comenzar a escribir paso a paso, día a día, y espero poder compartir de lo vivido y aprendido con ustedes, si es que desean acompañarme en este viaje.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Día 2: Amistad, Redes y Descanso

Día 1: Confusión y Confianza